Han pasado algunas semanas desde la última experiencia que os conté, la recordáis? Aquella historia de una noche calurosa con uno de mis queridos contactos que todavía esta en mi cabeza. Para compensar los días sin experiencias, hoy os traigo una que creo que os gustará mucho, es algo diferente y no por ello menos excitante. Espero transmitiros, como intento siempre, lo mucho que disfruté y lo mucho que disfrutó mi contacto, que para mi es lo más importante.

El primer contacto

Hoy no hablaremos de un protagonista, hablaremos de una protagonista, su nombre: Amanda ¿os he sorprendido? Como ya sabéis vuestra intimidad es vital para mi, por lo que que su nombre no es el real para proteger a mi contacto. Como casi todas mis experiencias, esta empieza con la llamada de una simpática chica a la que le habían hablado de mi.

Mientras pensaba en qué otra prenda de ropa podía quitarme para pasar menos calor, oí como sonaba el teléfono en mi apartamento: “Hola” contesto, a lo que me responde una voz femenina: “Hola Katia, soy Amanda, te llamo por que me han hablado mucho de ti y ya no puedo esperar más”. Tras su presentación poco común, hablamos un rato y me explico con más detalle el motivo de su llamada.

Resulta que Amanda era amiga de la pareja que había tenido una experiencia conmigo en otra ocasión, me contaba que hacía mucho tiempo que se sorprendía a ella misma mirando a mujeres por la calle e imaginándose las situaciones más excitantes con ellas, pero tenía un problema: no se atrevía a dar el primer paso y a ligar con ellas. La escuché sin prisas, para que me explicará a fondo lo que esperaba de nuestro encuentro, ya sabéis que como escort particular pretendo ofreceros una atención personalizada, calidez y cercanía.

Tras la explicación de Amanda terminamos de concretar el día de nuestro esperado encuentro. La verdad que estaba algo sorprendida, es poco usual que una chica requiera de mis servicios pero como no podía ser de otro manera, me alegra saber que poco a poco se van rompiendo barreras y tabúes.

Una divertida noche de chicas

Amanda se presento en mi apartamento sobre la medianoche, llevaba puesto un mono ajustado de color negro y unas zapatillas deportivas blancas, tenía un pelo largo rubio y estaba muy bien formada. Yo por mi parte opté por un vestido ajustado rojo con escote y unos tacones altos que hacían resaltar aún más mi figura.

Nos saludamos con dos besos, nos presentamos y nos dispusimos a preparar unos cócteles antes de empezar lo que sería una de las mejores experiencias con una mujer que he vivido. Entre risas y cócteles pasó una hora mas o menos, hasta que en un momento nos quedamos en silencio y vi como Amanda se ruborizaba “¿Que pasa Amanda?” dije, a lo que ella contestó “Nada… Es que me muero por besarte” Casi antes de que pudiera terminar la frase me acerqué y la bese apasionadamente, sus manos se posaban sobre mis piernas y podía notar como poco a poco iban llegando hasta mis braguitas. Hice lo mismo, le quité la ropa con delicadez hasta que noté la humedad de su entrepierna, estaba muy excitada y se notaba que quería mucho más.

Sin darnos cuenta estábamos en el suelo de mi salón, ella abajo y yo encima de ella recorriendo todo su cuerpo con mis labios y con mi lengua, en alguna ocasión me entretenía en una zona y notaba como se iba mojando más y más, sus pequeños pezones no podía estar mas duros. Mientras ella tocaba mi cuerpo yo la acercaba con mis dedos al esperado climax, estábamos envueltas en pasión.

Tras horas de jugar acabamos rendidas en el mismo suelo donde habíamos empezado, Amanda me decía que nunca había sentido nada igual y que estaba muy agradecida de haber dado conmigo. Mientras nos vestíamos, me decía que todavía no se había marchado y ya quería repetir, algo que siempre me alegra oír. Nos despedimos en la puerta con la promesa de vernos pronto.

Espero que os haya gustado mi experiencia y, tanto si eres hombre como mujer, no dudes en contactar conmigo para vivir una experiencia sin igual.