Hace unas semanas os hablaba de una de mis experiencias como escort independiente: un trío muy especial con una pareja divertida. Esta vez os contaré un encuentro muy excitante que viví hace unos meses. Antes de empezar, quiero agradeceros como siempre los comentarios positivos que me hacéis llegar ¡me animan a seguir compartiendo mis vivencias con vosotros!

El protagonista de mi experiencia de hoy es Carlos, para proteger su intimidad no utilizaré su nombre real. Carlos es un hombre maduro e interesante que conocí una calurosa noche de verano con el que viví una noche inolvidable.

Esta historia empieza con una llamada de mi amiga Nadia, quería hablar conmigo sobre un conocido que quería probar lo que era una experiencia con una escort independiente. Su amigo Carlos quería quedar conmigo pero no quería hacerlo de la manera tradicional, su fantasía era que quedáramos los tres como amigos en mi apartamento pero que Nadia, a último momento decidiera no venir y nos quedáramos solos él y yo. Como siempre, haría todo lo posible por satisfacer la fantasía sexual de mi contacto.

Me vestí para dejar con la boca abierta a Carlos: un vestido negro ajustado con escote que se ceñía a mi cintura, resaltando mi trabajado cuerpo y unos tacones rojos. Pasados unos minutos, terminé de arreglarme y me senté al pie de la cama, ansiosa por conocer al misterioso Carlos.

Una noche de lujuria y pasión

A media noche sonó el timbre, abrí la puerta y me encontré con la mirada curiosa de Carlos, era un hombre maduro muy atractivo y con aire sofisticado. “Eres Katia” Me preguntó mirándome de arriba abajo, enseguida me recorrió un escalofrío por el cuerpo, podía notar como se endurecían mis pezones. “Si, Nadia todavía no ha llegado, puedes pasar si quieres y la esperas tomando algo.” Le contesté en forma de código a lo que él respondió “Me encantaría”.

Decidimos “empezar sin Nadia” y tomar una copa juntos para relajarnos y charlar un poco, a medida que avanzaba la noche nos íbamos calentado más y más con frases insinuantes y subidas de tono. Cuando ya no pudimos aguantar más la tensión sexual, empezamos a desvestirnos el uno al otro, Carlos se tomaba su tiempo en recorrer mis pechos, besándolos y acariciándolos, mientras yo metía mi mano en su pantalón con deseo y le susurraba frases que lo ponían a mil. Mientras me quitaba la poca ropa que me quedaba, nos movíamos de una habitación a la otra sin saber muy bien dónde acabaríamos. Tuvimos una larga y desaforada sesión de sexo, en la que no dejamos ni un centímetro de nuestros cuerpos por tocar o lamer.

Nos despedimos con la salida del sol, exhaustos y todavía algo excitados tras nuestra noche apasionada. Carlos me reconoció que había disfrutado muchísimo y que le había gustado tanto la experiencia que quería verme en unas semanas.

Y tu ¿Tendrías un encuentro conmigo? Contacta conmigo y cuéntame tus fantasías, las haré realidad.